Dios Oye

Quisiera en este día compartir con ustedes una ilustración.

Se trata de tres árboles que iban creciendo juntos en un bosque. Aún estaban pequeñitos cuando formaron entre ellos una conversación. En su conversación comenzaron a decirse los unos a los otros lo que deseaban ser al crecer. Hablo el primer árbol y dijo, “cuando yo crezca yo deseo que hagan de mí una caja de tesoros y que dentro de mí guarden los tesoros del rey.” El segundo árbol contesto, “Pues cuando yo crezca yo quiero que hagan de mi un gran barco y que los reyes del mundo caminen dentro de mí.” El tercer árbol le contesto a los primeros dos y le dijo, “Ustedes desean que los corten y hagan algo de ustedes, pero yo deseo crecer mas alto que todos los arboles del bosque para que cuando los hombres me miren, tengan que mirar al cielo y reconocer al Dios que me creo.”

Pasado mucho tiempo llegaron unos hombres al bosque y comenzaron a cortar los arboles. Cuando la hacha golpeo el primero él dijo, “ ¡Por fin! ¡Por fin! Van a hacer de mí una caja de tesoros” y se despidió de los otros; el segundo árbol cuando sintió los golpes del hacha dijo, ¡Si! ¡Lo que yo esperaba! ¡Van a hacer de mi un gran barco!” y se despidió del tercer árbol; el tercer árbol cuando sintió los golpes del hacha sobre él gritaba, “ ¡No! ¡A mi no! ¡Quiero recordarles a los hombres él Dios que me creo! ¡No me corten!” pero el árbol sintió cuando el último golpe del hacha quebró su tronco y cayó al suelo con dolor en su interior.

Aquellos hombres tomaron el primer árbol y hicieron de él una caja para poner la comida de los animales en el pesebre y el árbol decía, “ ¡No! Yo estoy supuesto a ser el que guarda dentro de él los tesoros de reyes y ahora los animales comen de su comida guardada dentro de mí.” De esa forma se lamentaba diariamente. Tomaron el segundo árbol y lo cortaron y hicieron una lanchita de pescadores y él decía, “¡No! Yo estaba supuesto a cargar sobre mi los reyes del mundo pero ahora cargo los pescados del pescador.” De esa forma se lamentaba diariamente. Tomaron el tercer árbol, lo cortaron en cantos y lo guardaron en un cuarto con mas madera y el lloraba, “Solamente quería traer a la memoria de los hombres a mi creador.” De esa forma se lamentaba todos los días.

Pasado un tiempo llego un hombre con una mujer al pesebre y tomaron la cajita que se hizo del primer árbol y pusieron dentro de ella a un niño. La caja exclamo, ¡Mírenme a mi! ¡Deseaba guardar los tesoros de los reyes y ahora guardo al Rey de reyes!” y nunca mas se quejo. El segundo árbol en su triste estado de lancha de pescador recibió la visita de unos hombres y uno de ellos se paró en la lancha y comenzó a enseñarle a una gran multitud y dijo, “Mírenme a mi! ¡Deseaba cargar los reyes de este mundo pero ahora el Rey de reyes esta parado dentro de mi!” y nunca mas se quejo. El tercer árbol aun lloraba después de mucho tiempo encerrado en un cuarto, cuando entraron unos hombres, agarraron sus piezas, hicieron de ellas una cruz y la colocaron sobre la espalda de un hombre llamado Jesús. Jesús cargo la cruz hasta el Gólgota y en ella le crucificaron. El árbol dijo, “Yo solamente quería traer a la memoria de los hombres a mi creador con mis ramas, pero ahora tengo al creador del mundo salvando a la humanidad mientras se sostiene sobre mi.” Y nunca más se quejó.

Amado hermano, en ocasiones no entendemos lo que nos sucede, pensamos ¿por qué Señor? Pero aun cuando todo parece perdido Él tiene un mayor propósito. Dios oye. Él oye tu clamor y oye también tu susurro. Él oye aun el dolor de tu corazón cuando tus lágrimas caen sobre el suelo. En ocasiones vemos pasar el tiempo pero es solamente porque él tiene un mejor plan.

Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará. (Habacuc 2:3)

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